Mi primer duelo – Ignacio Dequero

Publicado el 4 de agosto de 2020

CAPÍTULO 1

COMIENZA UNA AVENTURA

Y aquí me tienen, yendo a otro mundo, sin poder detenerme. ¿Qué cómo llegué a esto? Pues, supongo que la historia es algo larga, pero les contaré. Mi nombre es Matías Sánchez y tengo catorce años, un detalle que puedo agregar de mí es que tengo diabetes tipo uno hace seis años. Sí, algo así como la mitad de mi vida con esto. Un poco loco ¿no?  Todo cambió un día cuando, mientras iba a mi casa, fui atacado por un ladrón y me disparó, provocando mi muerte.

Al momento de morir, desperté en un lugar neutro en el cual solo había oscuridad. Allí, me encontré con un anciano que me dijo que él era Dios. Él, con tono amable, me dijo que me enviaría a otro mundo porque necesitaba de mi ayuda. Yo me sorprendí, pero él me dijo que fui escogido por mi voluntad para ayudar, y además, para darme una segunda oportunidad. Él había visto mi sufrimiento y quería que yo fuese feliz, pero yo no estaba seguro. 

—Pero, Dios ¿me crees capaz? —pregunté, con voz de duda.  

Y él me respondió, mirándome fijamente a los ojos.  

—Tú eres capaz, Matías, porque puedes comprobar y comprender cómo están los otros y apoyarlos. 

Así que acepté la misión y él, ya más tranquilamente, volvió a hablar. —Te voy a mandar a un mundo que se fusionó con otro, donde los digimon, los discos y los espíritus de duelo son reales. 

Sorprendido y feliz, le contesté. 

—Esas son de mis cosas favoritas, ya que vi las series donde aparecían.

Entonces él me informó que había distintos personajes de las diferentes épocas de sus mundos respectivos, lo cual me pareció mucho más interesante. Y ahora estoy viendo el final del agujero por el cual caigo en dirección a mi destino y espero que todo salga bien, además de lograr mis objetivos y por supuesto, completar la misión que Dios me acaba de dar. 

CAPÍTULO 2

CONOCIENDO NUEVOS AMIGOS

Al salir del agujero de gusano en el cual he caído, veo que estoy cayendo del cielo a una gran velocidad y pienso, con miedo: ¡Esto no estaba en el plan! Allá abajo, por lo que veo, no hay nada más que estructuras y nada que me pueda detener y si caigo directo, voy a morir. Eso pienso, hasta que me doy cuenta que tengo un disco de duelo en mi mano y recuerdo que Dios me dijo que me daría un disco y un mazo como regalo para mi primera aventura. ¿Y si invoco disimuladamente a un monstruo para frenar mi caída? Pienso, aún sabiendo que es arriesgado, porque me pueden descubrir y todavía no sé si eso será muy normal a donde voy. Sin embargo, eso es mejor que morir ¿no? ¡Apenas he llegado a este lugar! Así que cierro los ojos y lo hago. Invoco a mi Dragón cazador, de color negro y alas naranja y con un filo café en el mentón. Él evita que caiga y me hace caer en su lomo, así que volamos a un callejón oscuro, que, aunque parece peligroso, está vacío. Al bajarme, le agradezco y  lo hago desaparecer para salir de ahí.

Unos minutos después de aterrizar, inicio mi camino, encontrándome con alguien que no esperaba. Era Yugi Muto, con su cabello amarillo con morado, una chaqueta azul y pantalones negros. Ah, ¿Qué voy a hacer ahora? ¡No puedo decirle que vengo de otro mundo! Me podría ver como un bicho raro. Sin embargo, algo todavía más sorprendente es que a su lado está también Atem, el cual es parecido a Yugi, solo que más alto y un poco más serio. Salgo de mi sorpresa y reacciono, encontrando la respuesta a mi problema. Solo tengo que acercarme.  

—¡Hola! Disculpen, soy nuevo en la ciudad y no tengo dónde quedarme…

Ellos me ven con sorpresa, pero Yugi me responde tranquilamente. 

— Hola, yo soy Yugi y él es mi hermano Atem. 

Me sorprende enterarme que es su hermano, pero mantengo la calma. Tengo que seguir fingiendo por ahora.  

—Yo soy Matías Sánchez. 

—Matías ¿te gustaría quedarte a vivir con nosotros? —Pregunta Yugi. 

Pero Atem le mira con desconfianza. 

—Pero, Yugi, no lo conoces, ¿crees que es seguro que se quede con nosotros? 

Él entiende la preocupación de su hermano, pero aún así me mira. 

—Pero si lo dejamos en la calle, él estaría en peligro y si… le llegara a pasar algo, sufriremos y nos sentiremos mal después ¿no? 

Atem hace un gesto de molestia, pero después dice con tono confiado. 

—Es cierto, pero tengo una idea de cómo comprobar si es él bueno o no de verdad — Entonces, él me ve y me habla desafiante —Matías Sánchez, te reto a un duelo. Si me ganas, te puedes quedar con nosotros y si pierdes, tendrás que buscar algún lugar para quedarte. 

Yo acepto, ya que no tengo otra opción, así que él me hace una seña y los tres caminamos al parque más cercano. 

CAPÍTULO 3

MI PRIMER DUELO Y MI ENFERMEDAD

El parque al que llegamos es un sitio hermoso con muchos árboles y con una gran cantidad de gente teniendo duelos y algunas criaturas, además de animales comunes, los cuales parecían ser digimons. Nos dirigimos a una zona tranquila, nos ponemos en posición y empezamos el duelo. 

—Te cedo el primer turno. —Dice Atem. 

—De acuerdo —Respondo. Al ver mi mano, creo que puedo empezar bien con esto, incluso aunque nunca antes lo hubiese hecho más que en mi imaginación. Nervioso, vuelvo a hablar — Entonces… ¡Invoco de manera normal a mi Dragón Enmascarado!, 

A mi lado aparece un dragón blanco con alas rojas por dentro. Yo me sorprendo, pero sonrío y vuelvo a decir — ¡Y activo una carta de invocación doble!

Se que esto me permite usar un monstruo adicional de manera normal, así que coloco un monstruo y una carta, ambos boca abajo y termino mi turno. Es turno de  Atem, el cual roba una carta del mazo, descarta otra y sonríe. 

—¡Invoca a El Difícil! —Dice. A su lado, aparece un bufón con capa y un signo de pregunta en su pecho y cara. Entonces, él activa un conjuro difícil cuatro, para lo cual debe sacrificar al El Difícil y así invocar tantas fichas como monstruos en su campo. 

Ese sacrificio se hace con una luz que hace desaparecer al monstruo para invocar dos fichas iguales al monstruo anterior. A pesar de que entiendo que las cosas se ponen más complicadas, no me rindo, pero él todavía no ha terminado. 

—Tributa a sus estos dos monstruos para invocar a Gaia, el caballero feroz rápido!

Rápidamente desaparecen las dos fichas para después aparecer un caballero sobre un caballo y con dos lanzas, una en cada mano. Es tan imponente que yo retrocedo un poco, asustado. Esto no es como lo que yo imaginaba. Entonces él me mira a los ojos y dice. 

—¡Coloco boca abajo una carta y ataco a tu Dragón enmascarado con mi Gaia el caballero feroz rápido! 

Yo sé que ese ataque es muy dañino, por lo que decido activar mi carta boca abajo, activo mi trampa muro de espejo y esta reduce a la mitad el daño de su ataque anterior, logrando que si bien me dañó, no sea tanto. 

En ese instante, de un momento a otro, me siento cansado y al ver mi reloj de veinticuatro horas me doy cuenta de que pronto sería mi hora de comer ¡Apenas en quince minutos! Ah, tengo que terminar el duelo rápido. Estoy tan concentrado en eso que la voz de Dios apareciendo en mi cabeza me sorprende mucho. ¿Él sigue conmigo? 

—Matías, tienes una máquina de glucosa en el disco de duelo. Confía en ti —Oigo que dice. Aquello me sorprende, pero sonrío,  porque eso significa que no tengo que interrumpirlo para medirme. —Además, he puesto algunas reservas de comida para estas situaciones. 

—Muchas gracias, Dios — digo bajito, para que nadie pueda escuchar. 

—No es molestia, Matías, quiero que seas feliz. 

Entonces ya más decidido, activo la máquina de glucosa y esta me pincha de manera automática. Atem, preocupado, me pregunta qué estoy haciendo. 

—Siento interrumpir esto, pero lo que pasa es que yo tengo diabetes tipo uno. 

Ellos se miran mutuamente y se encogen de hombros. 

—Aquí no es muy común, pero entendemos. Podemos esperarte si lo necesitas. 

—Mi disco es especial, porque tengo algo de comida y me permite  guardar mis cosas para momentos de emergencia. 

Entonces veo mi glucómetro, que está incorporado también en el disco. Este marca 65, así que me como una barra de cereal y sonrío, volviendo a colocarme en posición. Atem y Yugi también me devuelven la sonrisa. 

—¡Esto no me detendrá! ¡Es momento de seguir… el duelo!

Fin. 

Taller de escritura creativa FDJ 2020.

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